Las espadas fueron muy conocidas en la antigüedad pero pocos
supieron cómo usar sus poderes los poderes ocultos de las espadas legendarias,
pues en un lugar cerca de Zacapa, un hombre enfrento a otro con una espada de
plata, con resultados poco satisfactorios.
Un pobre hombre de aproximadamente 40 años llamado Roberto de edad cosechada frutas para vender y así
sotnia a su familia, siempre pasaba por un camino donde tenía que cruzar un rio
con la caja de frutas encima, para llevarlas a vender recorría un camino de más
de 4 kilómetros, un día escucho que había un asesino suelto por el camino por
donde el pasaba, eso no lo asusto pues él no tenía miedo a que fuera cierto
cruzo el río como siempre ya su ropa se había secado y por algo extraño se
detuvo a medio camino para descasar, algo que en sus años de caminar por ahí
nunca le había pasado, él pensó ya me estoy volviendo viejo mientras se sentaba
en una roca, un hombre salió de la maleza.
Ese día el señor había llevado manzanas para vender, el hombre que
salió de la maleza desato la caja de madera y empezó a comer las manzanas
Roberto siempre le gusto compartir con los menos afortunados que él así que
dejo que comiera, pero al llenarse el hombre ruin empezó a agarrar las manzanas
a tirarlas al suelo y pisotearlas, Roberto le dijo -mira amigo si ya no quieres
toma un poco y llévalo a tu casa pero no hagas eso con la fruta, pero lo que
Roberto no sabía es que ese hombre era el acecino, y le dijo y vos que alegas
saco una gran espada de su espalda la cual no se veía pues el asesino cargaba
muchos trapos encima de la espada, Roberto también saco la de él era cono la
mitad de esa, el asesino pego una gran carcajada y le dijo entre burlas -que
vas hacer con ese pequeño cuchillo, le tiro primero el asesino él se la quitó.
El asesino era muy rápido Roberto apenas podía defenderse, Roberto
ya se había asustado pues el asesino ya llevaba 5 tiros y él ni uno solo
faltaban dos y estaría acabado, entonces el asesino resbalo con una manzana que
había destripado con anterioridad entonces Roberto tomo la ventaja, uno, dos,
tres, cuatro, cinco, seis, pero antes de dar el séptimo tiro, el asesino quedo
acorralado entre la espada y un risco, tomo la espada de Roberto por el filo
pero resbalo. Y Roberto vio como una piedra se desprendió y le cayó encima al
asesino.
En el pueblo al llegar a vender, increíble pero la noticia ya
estaba ahí, todos sabían que el asesino había muerto, y con mucha frecuencia le
llegaban a preguntar a Roberto que si él no sabía quién lo había matado, el
siempre respondía que no sabía y siempre contestaban -que mal le habríamos dado
un premio al que mato al asesino, ese día vendió todo muy temprano y se dirija
a casa por el mismo camino ya que no existía otro, y fue testigo de horro, un
perro más alto que el marco de una puerta, estaba lamiendo la sangre regada, y
luego con una pata movió la enorme roca y se devoro al cuerpo del asesino, el
escondió la espada del asesino y la de el en una muralla de rocas que pasaba
por ahí.
La vida de Roberto fue empeorando cada vez más, hasta el punto de
que le consideraban loco se tiraba de la cama y gateaba con los codos y las
rodillas hasta sangrar con los ojos completamente blancos, él decía que un
hombre lo llegaba a retar, tenía pesadillas y en las noches gritaba muy fuerte
y tan tenebroso que era difícil creer que esos gritos venían de un humano,
amanecía con mordidas grandes que un perro normal nunca podrían hacer, era con
cortadas de navaja. Unos años después unos hombres que buscaban las espadas
legendarias, disimulado llegaron por ese lugar se escuchaban rumores de que por
ahí había una espada muy fuerte manejada por un asesino.
Compraron muchas espadas, antes eran las armas, pero ya empezaban
a aparecer las armas de oriente, uno de los hijos de Roberto le pregunto sobre
su espada; Roberto le conto la historia a su hijo y que por eso el tenías
pesadillas y que al matar al asesino duplico los pecados en él y que ese a
espada tenía un mal, y que se quedaría en donde la dejo porque era muy
peligrosa, la espada nunca se oxida.
En una pequeña muralla de piedras empezó a brotar sangre
resplandeció algo de plata y una mano joven tomo la espada y dijo -bueno quien
diría que estaba aquí ya llevamos tres y la mano cayó al suelo empuñando la
espada.
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